Más allá del optimismo resignado
Gabriel Delacoste Las coberturas de campaña y los analistas lo dicen cada día: esta es una campaña aburrida, de baja intensidad, sin grandes propuestas ni discusiones de ideas, ni entusiasmo, ni nada. Si en tantos lugares del mundo la política tomó el tono de la estridencia del fascismo, una campaña aburrida no está del todo mal. Más aún si las encuestas muestran, de forma consistente, al Frente Amplio con una intención de voto muy superior a la de la campaña pasada, en el entorno del 45%, muchas veces superando a todos los demás partidos juntos. Lo que hace que tenga buenas chances de ganar con mayoría parlamentaria. Después de cinco años soportando la mezquindad, la corrupción, la pérdida salarial y el retroceso de lo público que trajo este gobierno , la posibilidad de sacar a la derecha es bienvenida. Cunde, así, el optimismo. Un extraño optimismo que convive con la ausencia de entusiasmo, de discusión y de expectativas de transformación. Un optimismo que se recorta contra un fondo ...