Aportes para un socialismo nacional
>Manuel Laguarda, Prólogo al Tomo 6 de las Obras de Vivian Trías


[Nota: Hay hoy, contra Vivian Trías, tal como dice Julio Louis (1) cuyos conceptos comparto totalmente, una “campaña denigratoria ...[que]se comprende a la luz de una ofensiva ideológica del liberalismo, o de su primo hermano, el social-liberalismo… En esa ofensiva ideológica participa Fernando López D’Alesandro… “. La historia del espía es para otro momento. La acusación, que “Trías admite a texto expreso (sic) que instaló (sic) las opciones marxistas-leninistas como ‘nuevas orientaciones’ en el Partido Socialista, haciendo mérito ante sus jefes”. (2). No sólo falso, no sólo es reduccionista, no sólo disparatado eso de “instalar” un pensamiento, sino que además LDA pretende sí instalar el “delito de opinión” ¡en el partido del cual se fue! También es para otro momento.

Lo que quiero ahora es tocar otro tema. LDA menciona a Manuel Laguarda como un referente de lo que sería una revisión de ideas contraria a Trías, que el PS tiene que dar “... un paso para revisar su pasado y una parte de sus concepciones ideológicas, sus tesis, en las que colaboré bastante, ya allí y en los trabajos de Manuel Laguarda...”.

A diferencia de LDA, no pretendo meterme en la interna de dicho partido del cual me fui mucho antes que él. Hay que algo de respeto, si te vas te vas, eso de si la lista tal o la lista cual no corresponde. Lo que haga o no haga Laguarda dentro del PS y de qué lado se ubique en la interna me tiene sin cuidado. Pero dejemos eso también de lado. Sólo quiero referirme a eso de meter a Laguarda en una denigración de Trías. Es como invitar al vegano a un asado.

Lo que quiero traer es un texto muy conocido suyo. Es una síntesis correcta, profunda, y muy didáctica del pensamiento de Trías, reivindicando el lugar que se merece dentro del marxismo latinoamericano y del pensamiento socialista en general. Solo tengo una crítica para hacerle. Pero lo dejamos para un comentario al final. Aquí, Laguarda. FM
]


1. El marxismo de Vivian Trías.


Los trabajos que presentamos en este volumen de la serie “Patria Chica” de las obras de Vivian Trías, están centradas en torno a la concepción del socialismo nacional.

Temas aparentemente dispares, producidos durante el lapso que va de 1952 a 1965, están sin embargo unidos por un hilo conductor: la búsqueda propia y original, sin concesiones a ningún dogma, verdad revelada o esquema preestablecido, de los cambios al socialismo.

No se trata, para un pensamiento científico y creativo, de aplicar mecánicamente, a cualquier realidad, moldes preconcebidos en los cuales ya están codificados el devenir de los hombres y de los pueblos. Por el contrario, cuando el marxismo es herramienta en manos del genio creador de Vivian Trías, es la realidad viva y palpitante la que va a ser interrogada y descifrada para comprender las claves subyacentes del pasado, el presente y el porvenir de las sociedades humanas.

Así como la historia no está predeterminada, ni su rumbo es unilineal, tampoco la teoría marxista está escrita de una vez y para siempre, por el contrario, crece y se desarrolla como toda ciencia, a través de la praxis creadora de los hombres y de los procesos sociales.

El marxismo de Vivian Trías se aleja asimismo del mecanicismo economicista para el cual los hechos humanos son el simple resultado de la infraestructura económica, concepción esta que conduce invariablemente al dogmatismo estrecho.

Por el contrario, sin la acción voluntaria de los hombres, que primero conocen, desenmascaran, asumen su realidad y luego conscientemente se proponen su cambio, no hay progreso social ni tampoco liberación del capitalismo, del subdesarrollo y de la dependencia.

Marxismo crítico, creativo y antidogmático, donde hay lugar para la voluntad y la subjetividad, el pensamiento de Vivián Trías es asimismo profundamente humanista. El humanismo aparece en el primero de los trabajos que aquí presentamos, correspondiente al año 1952, y esta idea se reitera en el primer capítulo de “Por un socialismo nacional”, como el prerrequisito imprescindible para la superación de las alienaciones del hombre, permitiendo el encuentro de éste consigo mismo y con sus semejantes.

2. Revolución democrática y revolución socialista.

Para un punto de vista que transformaba al marxismo en una filosofía de la historia y no en una ciencia, la humanidad debía fatalmente atravesar por etapas pre-establecidas. Se aplicaba un esquema eurocéntrico -el que Marx había planteado para Inglaterra, fundamentalmente en “El Capital”- según el cual la sociedad feudal engendraba al capitalismo y luego el desarrollo de las fuerzas productivas y su progresiva contradicción con las relaciones sociales de producción daba pie al futuro socialista.

Vale decir, la posibilidad de acceder a la sociedad socialista sólo era posible previo desarrollo del capitalismo. En este punto las interrogantes se planteaban a propósito de los pueblos que no habían alcanzado el Capitalismo maduro, como era el caso de la Rusia zarista, de las colonias y semi-colonias.

¿Podrían acceder directamente al socialismo, salteándose una etapa? Y en el caso de los pueblos coloniales: ¿su progreso pasaba necesariamente por la progresiva adscripción al sistema capitalista mundial? El colonialismo pasaría a ser entonces el camino deseado y necesario, no tendría sentido defender la identidad de las naciones del Tercer Mundo frente a la dominación extranjera.

Es sabido que estos temas ocuparon buena parte del debate dentro del marxismo en el cruce de los dos siglos.

Estos problemas se combinan con otra cuestión crucial. Marx había planteado que la supresión del feudalismo y la consolidación del sistema capitalista exigían una revolución democrático-burguesa. Democrática por sus tareas: liquidar el absolutismo, repartir la tierra entre los campesinos, expropiar a la nobleza feudal, establecer las vías para la participación política de los ciudadanos. Burguesa porque sería ésta la clase que la conduciría, así como el agente fundamental para la acumulación y el desarrollo capitalista consiguiente. El desarrollo de las fuerzas productivas, el progreso fabril e industrial, la urbanización, el crecimiento del proletariado, haría posible la revolución socialista posterior y el acceso al socialismo.

Si este esquema se aplicara mecánicamente a los pueblos atrasados, habría que esperar el desarrollo capitalista y el surgimiento de una burguesía nacional que liderase una revolución democrática para consolidar un capitalismo independiente. Mucho después, esto permitiría platearle la revolución socialista.

Cuando este complejo conjunto de problemas se plateó a propósito de la Rusia zarista, el propio Marx se negó a una aplicación mecánica de sus propias teorías y no descartó la posibilidad de que Rusia se salvara de las conmociones del capitalismo y sobre la base de una institución específica de aquella sociedad – la comuna campesina rural – accediera al socialismo. Plejanov y los mencheviques defendieron la concepción etapista más ortodoxa, eran más “marxistas” que el propio Marx. Vale decir, revolución democrático- burguesa y consolidación del capitalismo bajo dirección de la burguesía y, mucho más adelante, desarrollo del proletariado mediante, revolución socialista.

Como es sabido, Lenin va a plantear un punto de vista original: revolución democrático burguesa dirigida por el proletariado, aliado con los campesinos, para entregar las tierras a éstos, liquidar la autocracia zarista y más adelante la revolución socialista. Dos revoluciones distintas pero ambas bajo la conducción del proletariado.

3. El debate latinoamericano y la revolución nacional.

La situación de los pueblos coloniales y específicamente latinoamericanos, exige una reflexión particular y platea una serie de interrogantes respecto a los caminos para incorporar a las vastas “orillas del mundo”- expresión, ésta, típica de Vivian Trías- a la aventura planetaria de la modernidad, entendiendo por ésta, junto con Habermas, al vasto proceso que implica el desarrollo, la industrialización, la democracia, la secularización, el conocimiento racional y el mundo, la progresiva liberación de los hombres de las trabas de la ignorancia, de la subordinación y de la explotación.

El pensamiento de Vivian Trías, en tal sentido, se ubica en esa gran perspectiva: el socialismo es justamente la culminación y la garantía de la modernidad.

Los obstáculos: el atraso, la dependencia y la articulación de intereses del imperialismo extranjero- centrado en EEUU- y las oligarquías nativas.

Las tareas: liberar a la patria del imperialismo, por tanto concretar la idea nacional, avanzar hacia la integración regional y la Patria Grande Latinoamericana, levantar trabas del subdesarrollo, construir una sólida y profunda democracia con el socialismo como horizonte.

Ahora bien, ¿es posible construir el socialismo sobre la base del atraso?

¿El socialismo no exige acaso como condición previa cierto grado de desarrollo industrial, de proletarización de la fuerza de trabajo, de crecimiento de la producción y de riqueza nacional

En caso contrario, se estaría simplemente socializando la miseria.

La respuesta mecánica a éstas interrogantes, pasa por esperar e incluso alentar el desarrollo capitalista como camino imprescindible y previo a toda meta de tipo socialista. O sea, el etapismo menchevique

Para ésta perspectiva simplista, el antídoto del subdesarrollo es el desarrollo capitalista.

Seguir esta línea de pensamiento conduciría a atribuirle un rol progresivo tanto a las burguesías nacionales como al capital extranjero e incluso al propio fenómeno del imperialismo, en tanto éste libera las fuerzas productivas y genera nuevas relaciones sociales de producción.

Incluso algunos textos tempranos de Marx, referentes a la India, así como las poco felices apreciaciones de Engels acerca del papel progresivo de los EEUU derrotando al atrasado México, podrían avalar este punto de vista. Si bien textos posteriores de Marx corrigen esta versión algunos de los primeros marxistas latinoamericanos como es el caso de Justo, caen en el mismo mecanicismo cuando enaltecen el rol civilizador de la penetración europea en relación al atraso de nuestros pueblos: la “Civilización y Barbarie” de Sarmiento, leída ahora en clave supuestamente socialista.

En las décadas de los 50 y los 60, el pensamiento desarrollista en filaba en esa dirección. Se combinaba esta posición, algunas veces, con la llamada teoría del “dualismo”. El atraso latinoamericano se debía a la coexistencia de dos sectores: el moderno y capitalista, opuesto a la realidad, sobre todo rural, arcaica, precapitalista y que incluso era tipificada como feudal, en una forzada traslación de las categorías de la historia europea a la situación tan dispar de América Latina.

Incluso en esas mismas décadas, corrientes de pensamiento marxistas, de pretensión ortodoxa, asumían un punto de vista similar revistiéndolo del ropaje y de la terminología habitual en los planteos dogmáticos.

La clave radicaba en las separación artificial de la revolución democrática en relación a la revolución socialista.

El “etapismo” dogmático, apostaba a una revolución democrático-burguesa dirigida por la burguesía nacional.

Esta clase promovería un desarrollo industrial y capitalista independiente del imperialismo. Debería ser apoyada por el proletariado en este empeño. Liberación del imperialismo, liquidación de los resabios feudales, desarrollo capitalista autónomo y más adelante la fuerza del proletariado permitiría la revolución socialista.

En la década de los 60, la teoría de la dependencia, de la cual Vivián Trías se nutre, al mismo tiempo que se adelanta a sus conclusiones, planteó el subdesarrollo como el desarrollo de la deformación introducida por el capitalismo en nuestros pueblos. El desarrollo del capitalismo, en la situación de la dependencia, crea el “enano deforme” del subdesarrollo”.

No se trata de feudalismo, sino de un capitalismo deformado, en relación al cual las burguesías nacionales no son víctimas sino beneficiarias aliadas del imperialismo. En rigor, no son nacionales, pues no defienden a la nación y aún aquellos sectores que pueden tener intereses contradictorios con el imperio, carecen de la fuerza para promover un desarrollo propio y autónomo.

De acuerdo a esta perspectiva, el desarrollo exige una revolución nacional liberadora que rompa las trabas del subdesarrollo y de la dependencia. Este proceso no contaría a la burguesía nacional en sus filas sino a una amplia alianza de clases, con el proletariado como columna vertebral.

Y no se trata de promover un desarrollo capitalista sino de un proceso que desde el pique cumpla objetivos anticapitalistas porque la liberación del imperialismo así lo exige.

La revolución nacional liberadora conduce a un sistema de economía mixta, donde el sector socialista pasa a ser cada vez más preponderante. En un solo proceso, sin compartimentos estancos, se cumplen las metas liberadoras, se defiende, se construye a la nación y se va procesando gradualmente el avance hacia la construcción socialista.

4. Atraso y progreso: identidad nacional y universalismo.

¿ El atraso previo es entonces una ventaja para avanzar hacia un auténtico desarrollo nacional? Esta es la interrogante que plantea Luiz Werneck Vianna en un fermental artículo reciente.[1]

En Vivian Trías, como antes en Mariátegui, y contemporáneamente en los aportes teóricos y prácticos de Fidel castro y la Revolución Cubana, más que la jerarquización del atraso, se trata de su superación a través de una estrategia de desarrollo que pasa justamente por la liberación anti-imperialista y que no interpone entre ésta y el socialismo una muralla infranqueable.

En tal sentido, es importante consignar el formidable impacto que deja, en Vivian Trías y en toda su generación, el contacto con le Revolución Cubana, como queda manifestado en su “Diálogo con Fidel Castro”. Por esto, es un error colocar a Vivian Trías como un apologista del atraso cerril frente a la modernidad. En Trías se combinan armoniosamente lo nacional y lo propio ligado a lo universal, el universalismo y la identidad nacional, así como la modernidad, la democracia y el socialismo.

Ni Trías ni Mariátegui defienden el atraso exótico, como lo hace a veces el nacionalismo reaccionario de las élites tradicionales que confunden lo nacional con lo “esotérico”.

En una perspectiva distinta a las anteriores, puede ubicarse a Rodó, para quien la defensa de la cultura americana ibérica no implicaba incorporar el pragmatismo y el espíritu del capitalismo.

Para Trías, la nación –como comunidad histórica, de destino y de cultura- sólo se realiza en el socialismo y a su vez le imprime a éste rasgos propios y originales de la específica cultura nacional. En tal sentido, no se trata de oponerse, sobre la base de la defensa nacional, al desarrollo y al progreso económico. Por el contrario, la perspectiva de Vivian Trías nos lleva a reivindicar como valores de nuestra cultura, tanto las tendencias comunitarias, de raíz ibérica, como la solidaridad del mundo obrero y popular, el arraigo de la democracia; elementos todos estos constitutivos de nuestra identidad, que nutren y coayudan la construcción del socialismo nacional.

En “El espejo de Próspero”, un brillante y respetuoso estudio comparativo acerca de la cultura y las ideas de las dos Américas, el historiador estadounidense Richard Morse[2] valora la potencialidad que emana de la cultura de los pueblo latinoamericanos, de su raíz hispánica y católica. En definitiva, el individualismo de cuño anglosajón y puritano -que Max Weber jerarquizaba en la génesis del capitalismo- nunca pudo calar hondo en los pueblos del Sur.

Esta perspectiva comunitaria está presente en la trayectoria de Artigas, para quien los sujetos son los pueblos y éstos, sobre la base de sus cabildos autónomos, crean de abajo hacia arriba a la nación, como lo enseñara Petit Muñoz.

Y Artigas abona justamente la semilla de la nación en la tierra fértil de la democracia.

Socialismo, nación y democracia: para Vivian Trías significa retomar la herencia inconclusa de la Revolución Artiguista y las mejores tradiciones patrias.

Socialismo nacional no es igual, en Vivian Trías, a socialismo en un solo país. La construcción del socialismo debe hacerse a partir de cada realidad nacional, específica e intransferible, asumiendo y respetando las identidades nacionales. Y al mismo tiempo, completar la construcción socialista requiere el socialismo a nivel mundial.

Dice Vivian Trías en la Introducción a “Por un socialismo nacional”: “Y luego comprobamos que esa solución (el socialismo) sólo puede ser universal y que, así como no habrá, en definitiva, socialismo uruguayo sin socialismo latinoamericano, no habrá tampoco, socialismo latinoamericano sin socialismo a escala mundial.”

5. Socialismo y nación.

La teoría marxista clásica (hasta Lenin inclusive), había vinculado a la nación con la burguesía y el capitalismo.

La revolución democrático-burguesa le daría autonomía y su forma política al estado nacional, consolidando así el marco en el que se produciría el desarrollo del capitalismo.

La nación -superestructura del capitalismo- sería superada por el socialismo.

También en el marxismo clásico se dio una evolución: las tareas de la revolución democrática que la burguesía no había completado -por ejemplo, las nacionales- pasaban a ser cumplidas por el proletariado.

El paso siguiente, considerara a la nación como una característica esencial del Socialismo y un proyecto a largo plazo del mismo, fue asumido en forma casi simultánea e independiente, primero por el marxista judío Borojov (1905) y luego por Otto Bauer (1906), el gran teórico del socialismo austríaco. Esta línea continúa en Gramsci y Mariátegui y llega hasta Vivian Trías.

Bauer considera al socialismo como un proceso de realización de la nación, a través dela integración de las masas populares en la comunidad nacional de cultura. Así, el pueblo trabajador se transforma en nación, a la vez que esta se democratiza. La división clasista pone límites a esta integración.

Bajo la dominación burguesa hay una discrepancia entre la idea y la realidad de la nación: la nación está ligada a un determinado sistema de hegemonía.

Continuar la construcción de la nación en el socialismo implica crear una nueva hegemonía, que permita y potencie la integración de las grandes mayorías, hasta ahora, marginadas de la vida cultural, política y económica. La nación es un horizonte en construcción y es también lucha por definir su existencia interna.

La construcción de la nación ligada a las tareas socialistas implica dos aspectos:

a) La liberación del imperialismo.

b) La integración nacional, lo que supone una nueva hegemonía basada en el consenso activo de las masas trabajadoras.

Vale decir, no se agotan las tareas nacionales en el primer punto, sino que deben incluir, también, los aspectos afirmativos de la defensa de la particularidad y de la cultura de la nación, en el marco de la construcción de la nueva hegemonía popular.

6. Los pilares del socialismo nacional.

En primer lugar, Vivian Trías piensa que el marxismo combina proposiciones generales -aplicables al conjunto de una época histórica- y proposiciones particulares, con validez para determinada formación económico-social. La confusión de uno y otro nivel conduce a distorsiones graves en la percepción de una realidad concreta.

La articulación de lo particular y lo general obliga a un análisis pormenorizado de cada realidad. Las afirmaciones válidas para una sociedad no pueden ser mecánicamente transferidas a otras. En la misma perspectiva, recordamos a Gramsci, quien afirma que cada sociedad es la síntesis particularizada de un sistema hegemónico. Por tanto, el punto de partida debe ser nacional, aunque la perspectiva sea internacional.

En cada realidad particular hay que estudiar el desarrollo específico de su economía, de su sociedad civil, de la articulación estado-sociedad, de las ideas, de la cultura, etc.

Por tanto se trata de desarrollar, desde cada realidad nacional, las propias vías y modalidades de acceso al socialismo.

Esta sólida creencia lleva a Trías a respetar a líderes aparentemente dispares como el inglés Bevan o Fidel Castro.

En segundo lugar, y como corolario de lo anterior, se rechaza la pretensión hegemónica de cualquier centro mundial de poder del tipo Estado-guía o Partido-guía. La defensa de nuestra independencia en la búsqueda de los propios caminos al socialismo, se extiende a todos los pueblos del mundo. De ahí sus análisis en más de un sentido anticipatorios acerca de la Polonia de 1956.

En tercer lugar, el socialismo debe considerar y defender los elementos propios de la cultura nacional. La nación no es simplemente la superestructura del capitalismo, sino una tarea a construir en la liberación del imperialismo y en el avance a las metas socialistas.

En cuarto lugar, el proceso que liga la revolución nacional liberadora y la revolución socialista, supone para la nación cumplir las tareas de la modernidad: desarrollo, democracia, socialismo.

En quinto lugar, el nacionalismo popular y revolucionario de Vivian Trías, no se opone, por el contrario, es parte del internacionalismo proletario y la solidaridad de los pueblos. Al mismo tiempo es un nacionalismo de proyección latinoamericana hacia la Patria Grande.

En sexto lugar, ese proceso requiere la hegemonía obrera; a la burguesía nacional se la considera aliada al poder extranjero.

Como consecuencia, se desarrolla una concepción socialista autónoma latinoamericana, que no es repetición de elementos "importados".

Finalmente, se brinda un gran marco de referencia para interpretar el mundo de nuestros días. La contradicción fundamental es la que opone el capitalismo y el socialismo. Esta se abre en un abanico de contradicciones dentro de las cuales la principal enfrenta el imperialismo con el Tercer Mundo. No se omiten considerar las contradicciones dentro de las experiencias de construcción del socialismo. En este sentido resultan proféticos -anticipando las conmociones actuales que se viven en torno a la perestroika- los análisis que se hacen acerca de la U.R.S.S., en los artículos dedicados a Polonia (1956) y a Bevan (1957).

7. Una teoría en permanente renovación.

Trías fue un intelectual moderno, articuló la reflexión política y teórica con el análisis de la realidad económica-social de su país y de su mundo. Se aleja así del ensayista de gabinete. Hombre de cifras y de datos, anticipa así el desarrollo posterior de la economía y de la sociología en nuestro medio. Deja en ellas profundas huellas hasta nuestros días.

Más aún, fue un intelectual orgánico de la clase obrera, en el sentido de Gramsci.

Su saber siempre estará al servicio de los que luchan por la justicia y por la libertad.

Pionero en el análisis de la realidad concreta del Uruguay, -"la constelación del latifundio"- habrá que esperar hasta los años 80 para que otras investigaciones permitan seguir avanzando en el camino que él inició, estudiando la complejidad de las redes del poder económico y político en nuestra sociedad.

Sus planteos no constituyen un esquema cerrado, al contrario, exigen la renovación permanente. Si Frugoni fue el gran renovador del pensamiento progresista a principios de siglo, con su marxismo fundacional, Trías fue el maestro para toda una generación.

Trías asumió y criticó el legado de Frugoni. Y sobre la base de los aportes de don Emilio, en la síntesis dialéctica de aquellos con su propio genio creador, en diálogo permanente con su época, nos legó una cantera inagotable de conocimientos.

Profundizar la obra de Vivian Trías exige hoy seguir escudriñando nuestra realidad, no dejar nunca de ser críticos y renovadores.

Al concluir este prólogo quiero dejar expresa constancia del inmenso honor que constituye presentar estas obras, para quien, a la par de compartir la misma filiación ideológica del autor, conserva el recuerdo imborrable del contacto directo con sus enseñanzas, en aquella etapa de formación, tan lejana y cercana al mismo tiempo, que fueron los tempranos años 70.

Fuente: http://www.fundacionviviantrias.org/node/19

[Comentario final: Aunque esta nota reivindica brillantemente el meollo del pensamiento de Trías, tiene un defecto: ser demasiado pro-Trías.

Los errores que tenía su concepto de “socialismo nacional” resultaron muy evidentes con el paso del tiempo, pero ya eran visibles desde el inicio. Mientras LDA los menciona pero no los entiende, podemos sí sacar provecho de esa nota reciente de Julio Louis, que reivindica lo correcto de Trías, señala sus errores, y no cae en novelas de espías.

Como surge de esa nota, esos errores ya eran conocidos cuando Laguarda escribió este texto. Aunque eso no lo desmerece en todo lo que tiene de bueno. Ver los fecundos aportes del pensamiento de Trías que es lo principal, que haya soslayado sus errores que es lo secundario  Esto hace a Laguarda, en esta campaña de denigración de Trías, lo que dijimos. El vegano en el asado. FM]


Referencias:


(1) https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/3/la-critica-liberal-a-trias-tirar-el-nino-con-el-agua-del-bano/

(2) http://infoposta.com.ar/notas/9303/peritaje-mentiras-y-documentos-vivian-tr%C3%ADas-la-historia-y-el-marxismo-leninismo/


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