CAZA MENOR
Operación Cóndor: El vuelo de Laura
de Liliana García Sosa, Teatro El Galpón.
>Jorge Arias 


Se apagan las luces. Aparece una actriz que llega desde el hall de entrada y avanza hacia la escena. Porta una poderosa linterna con que deslumbra a algunos espectadores; nos informa que el cóndor es un ave de rapiña y que, en particular, es un ave carroñera. que se alimenta solo de animales muertos. Sube al escenario y conversa con otra mujer, su hija. El diálogo es confuso y “literario”; la madre habla en español y la hija en italiano, con títulos en español. La madre relata su cautiverio en el centro clandestino de reclusión “Automotores Orletti” (Buenos Aires, Argentina, desde 1976); menciona las diversas formas de tortura que padeció y no le impidieron dar a luz; su hija le es de inmediato secuestrada y entregada a un oficial del ejército chileno que la adopta. La madre muere en prisión y la hija, que debió llamarse Tamara y se llamará Paloma; ya mayor, viaja a Italia para presenciar un juicio contra oficiales del ejército chileno por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura de Pinochet; sospecha, averigua, conoce su verdadera identidad. Sigue parte del juicio contra su padre adoptivo.

La obra es la utilización superficial de un tema que merece mejor trato. Para empezar, la “Operación Cóndor” fue, según toda probabilidad, un acuerdo de coordinación de los regímenes militares del Cono Sur (Uruguay y Chile 1973; Argentina, 1976) para trasladar disidentes y “subversivos” de un país a otro. Los militares de Uruguay, Argentina y Chile cometieron los delitos de lesiones graves (torturas), privación de libertad, secuestro de los niños nacidos en cautiverio y, más tarde, suposición de estado civil; pero por más repelentes que sean, estos crímenes, no pertenecen necesariamente a ninguna coordinación internacional. Nos resulta extraña la inútil proeza técnica del largo diálogo ítalo – español (italiano la hija, español la madre) con prolijos letreros traductores:si la madre hablaba español por ser argentina, la hija, criada por un militar chileno, podría hablar italiano, pero forzosamente sabía hablar español…Para concluir, el catálogo de las torturas que relata la madre es un ejercicio de compilación, una semisuma o común denominador del maltrato en las cárceles militares, solo para demostrar conocimiento de las siniestras realidades carcelarias de la era militar. Finalmente la obra, que no tiene valor documental ni lo pretende, se presenta, en palabras de la autora, como “…la historia del amor entre una madre y una hija”, lo que entendemos aún menos, dado que madre e hija tuvieron ocasión de tratarse solo por horas o minutos.

La obra es tan “políticamente correcta” como oportunista y desactualizada. La historia de las torturas de los regímenes militares ya está escrita. Esta es la obra de una residente en Italia que según su mismo decir, “durante 2015 y 2016 estuvo en las audiencias sobre el Plan Cóndor, acompañando allegados que iban a declarar; decidió allí “…contar, desde su “trinchera”, "una historia en la que la denuncia pasa a través de la emoción” (sic). Muy “militante” lo de la “trinchera”; pero en las obras que trataron seriamente el tema, el tono es distinto. En la narrativa las “Memorias del calabozo” de Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro (1985) suenan con el sonido de la verdad, en teatro “Memoria para armar” de Horacio Buscaglia (2002, teatro Circular), con testimonios de hechos reales, entre ellos la conmovedora escena de “La espera” de María Condenanza y finalmente “Antígona oriental” (Marianella Morena y Volker Losch, 2012) también con testimonios de presas políticas. En su momento estas obras valieron, entre otras cosas, como denuncia de crímenes impunes; pero el regreso de estos temas en la pluma de la Sra. García Sosa, repitiendo lo sabido, tiene muy escasa justificación. Como obra de teatro es un fracaso, porque no hay tensión y el espectador conoce toda la trama de comienzo a fin;no hay nada del forzoso conflicto entre la mujer y su padre adoptivo, de quien se revela una oculta faz, y nada el conflicto íntimo de la mujer cuyos sentimientos filiales debieron chocarse. Si la obra quiso ser, lo que no creemos, de agitación y propaganda (“agit – prop”) no se ve a dónde apunta, porque, algunos condenados y otros absueltos, la cosa juzgada ha cristalizado muchas narraciones personales y no se advierten avances al día de hoy.

Tal vez la obra pudo valer como denuncia de una situación aún no resuelta, como es la determinación exacta de lo sucedido, con todos los nombres y todos los apellidos: pudo ser, y no fue, un llamado a la responsabilidad colectiva ante los crímenes impunes de las dictaduras. En el caso de Uruguay, precisamente, es mucho mayor que en la Argentina la relación entre el número de militares criminales impunes y el número de militares condenados; esta obra pudo perseguir un blanco mejor que un militar chileno de alto rango que, además, no existió. En lo que atañe al Uruguay, la autora, agregada cultural honoraria de la embajada del Uruguay en Chile desde 2008, pudo abandonar al polvo la carroña, ya exhausta; pudo dejar a los muertos enterrar a los muertos; pudo, y quizás debió, ir a la caza mayor de presas vivas, a la caza de todos los militares criminales impunes; y sobre todo a la caza de los gobernantes que pactaron clandestinamente esa impunidad de que aquellos gozan y que los gobernantes encubrieron y encubren todavía, luego del “regreso” del Uruguay a la democracia (1985).

El público aplaudió de pie. Tal vez quiso homenajear a las víctimas del terror, ausentes y lejanamente aludidas por una anécdota ingrávida. En el fondo quiere justicia, saber qué se hizo y por quiénes; quiénes lo traicionaron, cómo y por qué lo hicieron.

OPERACIÓN CÓNDOR, EL VUELO DE LAURA. Idea original de Liliana García Sosa, dramaturgia de Daniella Lillo Traverso, dirección y puesta en escena de Liliana García Sosa y Ugo Bentivegna. Con Liliana García Sosa, María Cristina Moglia, Roberto Burgio, Ugo Bentivegna, Nibia López Balao (testimonio audiovisual) .Música original de Inti Illimani, histórico de Camilo Salinas, escenas y vestuario de Erminia Palmieri, diseño de iluminación de Luca Barbati, asistente de dirección Gianluca Mazzanti, dirección de producción Rosina Zímbaro y Paolo Monaci Freguglia, productora para América Latina María Fernanda García Iribarren, productor Fattore K, Coproductores Soc. Coop. Teatro Stabile delle Arti Medioevali, Forteresse asbl, Polifemo S.r.l., Patrocinadores Europeos Eu Collective Plays!, Creative Europe Program of The European Union, Comune di Roma – Estate Romana, Ministero dei Beni e delle Attività Culturali e del Turismo italiano. Patrocinadores en Latinoamérica Embajada de Chile en Italia, Embajada de Uruguay en Italia. Estreno Teatro Marcello, Roma, septiembre 2017. Estreno uruguayo teatro El Galpón, 13 de enero de 2018.

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