Al borde de la guerra nuclear. ¿Qué hacer?
> William R. Polk.

Excepcional análisis de la crisis coreana, por los datos poco conocidos que aporta, por su erudición y agudeza, por su análisis lógico de las opciones posibles. Y por lo que sugiere entre líneas.


EN MI ARTÍCULO ANTERIOR he dado mi interpretación de los antecedentes de la actual confrontación en Corea. Argumenté que si bien el pasado es la madre del presente, tiene varios padres. Lo que yo recuerdo no es necesariamente lo que tú recuerdas y por lo tanto y en este sentido el presente también modela y remodela el pasado.. En mi experiencia como planificador de políticas, comprendí que sólo tomando en cuenta la percepción de los acontecimientos que son vistos en forma diferente por los involucrados, es que se puede entender y manejar las opciones en las acciones e ideas del presente. He tratado de esbozar puntos de vista del pasado - ya que nosotros, los norcoreanos y los surcoreanos tenemos visiones diferentes al respecto - en la primera parte de este ensayo. (1)

Ahora quiero hacer un refinamiento del relato que he presentado. Primero, mostrar cómo nuestra percepción, la interpretación que hacemos  de los acontecimientos que nos pasan por delante, les añade un elemento nuevo y formativo. Porque conscientemente o no, tendemos a poner los eventos en un patrón.  Por lo tanto, el patrón en sí mismo se convierte en parte del problema que enfrentamos al intentar comprender los acontecimientos. 

Mi experiencia en lo que fue por lejos la más peligrosa experiencia de la política estadounidense, la Crisis de los Misiles de Cuba, me lleva a creer que al menos en una crisis cómo, lo que pensamos acerca de los acontecimientos y lo que recordamos del pasado a menudo determinan nuestras acciones, y puede ser la diferencia decisiva entre la vida y la muerte. 

Fijar un camino - una interpretación o una teoría de lo que significan piezas al azar o cómo serán interpretados y actuados por otros - es una tarea compleja y contenciosa. Hacerlo mal puede desviarnos o incluso ser muy peligroso.

Es así que el intérprete, el estratega, siempre debe ser confrontado para ver si su interpretación tiene sentido y el camino que establece es por el que queremos viajar. A continuación, voy a hacer esto explícitamente. Mi experiencia en lo que fue definitivo el guiar y las acciones pueden ser los mejores diferencia entre la vida y la muerte.

Así que aquí voy a comenzar con la mentalidad subyacente en la política estadounidense durante el último medio siglo.

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Cualquiera que lea la prensa o vea la televisión está acosado con innumerables deshechos de información. En mi experiencia en el servicio del gobierno, el diluvio de información es casi paralizante. Algunos de mis colegas bromearon diciendo que la forma de derrotar a nuestros adversarios era darles acceso a lo que pasaba sobre nuestros escritorios todos los días. Los inmovilizaría, como a veces a nosotros.

Cómo separar de ese flujo lo meramente interesante de lo importante y cómo relacionar un evento con otros, es una tarea demandante.


Cómo hacerlos de eso algo útil ha sido estudiado por los estrategas una y otra vez durante los últimos miles de años. Machiavello es el más conocido entre nosotros, pero estaba lejos de la primero.
(He tratado estas cuestiones en detalle en "Vecinos y extraños: Fundamentos de los asuntos exteriores", Chicago: University of Chicago Press, 1997).

Teoría de la disuasión

El último y posiblemente el más persuasivo intento reciente de desarrollar una especie de marco o matriz para aportar algún sentido de orden y cierta capacidad de comprender los acontecimientos ha sido la teoría de la disuasión.  

Aunque haya sido "sólo una teoría" estableció la política estadounidense hacia la Unión Soviética en la Guerra Fría. Se desarrolló en ese marco, para entender y tratar con la Unión Soviética en la Guerra Fría, pero determinará gran parte de lo que Estados Unidos tratan de hacer en relación a Corea del Norte, hoy.
 
Para simplificar y resumir, los estrategas de la Guerra Fría lideradas por hombres como Henry Kissinger, Thomas Schelling y Bernard Brodie creían que en última instancia, las relaciones entre las naciones son relaciones matemáticas. Por lo tanto, disuasión significaba reunir los elementos que podrían añadirse por ambos lados.
Si el país "A" tenía un poder abrumador, el país "B" se disuadiría en su propio interés de tomar acciones que serían perjudiciales para sí mismo. Equivocarse al "hacer la suma" en el "juego de las naciones" era "jugar equivocado".

La emoción e incluso la política no jugaban ningún papel, en el mundo real era la "realpolitik" la que gobernaba..
Dicho de otra manera, los débiles sacarían la cuenta de sus propias capacidades y terminarían cediendo el paso a los fuertes para evitar ser destruidos.

El gran historiador griego Tucídides, hace tiempo dio el tono: "Pues bien, es así como el mundo funciona, sólo es una cuestión entre los iguales en poder: los fuertes hacen lo que pueden hacer y los débiles sufren lo que tienen que sufrir". Sólo actuando según esta mentalidad se preservarían los intereses básicos de cada país y se lograría la paz entre las naciones. (2)

La disuasión funcionó bien hasta la crisis de los misiles cubanos. Pero durante esa crisis, como algunos críticos de esa teoría habían sostenido durante mucho tiempo, una falla potencialmente fatal en la misma se hizo evidente. 

El defecto es que el "interés nacional" -que puede sumarse o cuantificarse por la riqueza, o los factores de fuerza- no siempre coincide necesariamente con el "interés del gobierno". Es decir, los gobiernos no siempre pueden ser guiados por un enfoque racional del interés nacional. Hay ocasiones en que los líderes no pueden permitirse, aunque se suman correctamente los números, actuar de acuerdo a los muy lentos movimientos del interés nacional, y pueden estar sujetos a impulsos muy diferentes y más urgentes. emocionales o tal vez irracionales, temerosos de sus vidas o preocupados por perder sus posiciones, o pueden ser impulsados ​​por la opinión pública, o por las diferentes medidas de otros centros de poder como los militares. Dejarse guiar por el cálculo abstracto del interés nacional puede resultar imposible.

Permítanme hacer esto a partir de mi experiencia en la Crisis de Misiles de Cuba, luego en un juego de guerra que organizó el Departamento de Defensa para reexaminar la Crisis de Misiles, y finalmente en una reunión en Moscú con mis colegas rusos.


En la Crisis de Misiles, tanto el Presidente Kennedy (ciertamente) como el premier Jruschov (probablemente) estuvieron bajo una presión casi insoportable, no sólo tratando de ver cómo lidiar con los hechos, sino también por las advertencias, presiones de sus compañeros o sus rivales, sus partidarios y sus mandos militares.

Si acaso cada uno estaba en peligro de ser derrocado o asesinado sigue siendo un misterio, pero ambos estaban al menos en riesgo potencial, porque las apuestas ponían en juego, literalmente, el destino del mundo, y las opiniones sobre cómo manejar la posibilidad de una guerra ruinosa fueron sostenidas con fuerza.

Obviamente, la pérdida para ambas naciones en caso de un intercambio nuclear habría sido catastrófica, por lo que el interés nacional de ambos era claro: evitar la guerra.
Pero cómo evitarlo era discutible, y no eran las naciones las que tomaban las decisiones sino los dirigentes, y sus intereses sólo en parte estaban en consonancia con el interés nacional.

Tuvimos suerte de que al menos Kennedy comprendió  este dilema y tomó medidas para protegerse. Lo que hizo no está bien comprendido, así que resumiré brevemente los puntos principales.

En primer lugar, identificó al general Lyman Lemnitzer, entonces presidente del Estado Mayor Conjunto ( JCS) como el halcón principal.Lemnitzer lo empujó hacia una guerra nuclear y había mostrado su mano presentando un plan "negro" ("Operación Northwoods") a ser llevado a cabo por el JCS para disparar la guerra con Cuba.

(Curiosamente, la "Operación Northwoods" es casi desconocida aún hoy, y fue descrita por el eminente erudito de inteligencia James Bamford en "Body of Secrets" (Nueva York: Doubleday, 2001) como el "lanzamiento de una sangrienta guerra de terrorismo contra su propio país, con el fin de engañar al público estadounidense para lograr el apoyo a una guerra mal concebida que pretendían lanzar contra Cuba. Se debía provocar: el secuestro de aviones, los asesinatos y la explosión del cohete en el que era llevando al astronauta John Glenn al espacio. [Ver en ABC News,
"U.S. Military Wanted to Provoke War With Cuba":  http://abcnews.go.com/US/story?id=92662&page=1]. Lemnitzer mintió al Congreso, negando la existencia del plan, y muchos documentos fueron destruidos. Aunque fue despedido como presidente del JCS por Kennedy, la organización que formó dentro del JCS continuó planeando acciones encubiertas. Hubiese sido sorprendente si Kennedy no se hubiese preocupado por un posible atentado contra su gobierno).

Temiendo un golpe de Estado

Comprendiendo, aparentemente, que ese plan podría haber terminado en nvirtió en un golpe de Estado, Kennedy retiró a Lemnitzer tan lejos de Washington como pudo (a Europa como comandante de la OTAN). 

Kennedy también reunió a un grupo de viejos estadistas, la mayoría de los cuales habían servido bajo los gobiernos de Eisenhower y Truman en puestos superiores a los actuales comandantes militares de ese momento y eran identificados como conservadores, lejos de la imagen de Kennedy como liberal.

Ostensiblemente buscó su consejo, pero en la práctica lo que buscaba era la aprobación de sus decisiones. También tuvo el cuidado de informar al público en su discurso del lunes, que fue el primer reconocimiento público de la crisis, de que estaba firmemente en el control y estaba decidido a proteger los intereses estadounidenses. 

Luego de solucionada la crisis, al  retirar los misiles estadounidenses de Turquía, pretendió que su eliminación no era un precio que hubiese tenido que pagar para poner fin a la crisis. Así, de varias maneras, neutralizó a los críticos potenciales, al menos durante el momento crucial de la crisis. Pero,poco tiempo después fue asesinado por personas, fuerzas o intereses sobre quiénes o su    motivación todavía hay mucha controversia. Como mínimo, sabemos que personas poderosas, incluyendo a Lemnitzer, pensaban que Kennedy había vendido el interés nacional en la búsqueda del interés de su administración.

Al mismo tiempo, en Moscú,
Jruschov probablemente arriesgó su vida aceptando la humillación que le impuso a su régimen por la retirada de los misiles rusos de Cuba. Aparentemente -por supuesto que no lo sabemos- sentía menos peligro inmediato que Kennedy porque el sistema soviético siempre había desconfiado de sus comandantes militares se había protegido contra ellos. Un Lemnitzer habría sido "desaparecido", no solamente enviado a un exilio cortés. Y flotando junto a cada uno de los oficiales superiores del ejército soviético había  un comisario político que era responsable ante la administración civil -es decir, ante la dirección del Partido Comunista- por cada movimiento, cada contacto,  cada pensamiento casi. Los militares hicieron lo que la dirección civil le dijo que hicieran.

Supongo que Jruschov creyó que tenía a sus camaradas con él, pero eso no puede haber sido muy tranquilizador, dado el historial del Politburó. Y cuando murió, Jruschov, o al menos su reputación, pagaron un precio: Se le negó el reconocimiento supremo líder de la Unión Soviética liderazgo, no fue enterrado con otros héroes soviéticos en el Muro del Kremlin. Eso es lo que sabemos, lo que no podemos saber es si pensaba o no que estaba, o si realmente estaba, en peligro de ser derrocado. (3)


Lo que está claro es que fue lo suficientemente fuerte -y no se enfrentó a ninguna acción flagrante o destructiva por parte de Estados Unidos-, que fue capaz de superar el "interés del gobierno" para proteger el "interés nacional". En resumen, no fue tirado a un costado.

Si no fuese por la fuerza y valentía de ambos hombres, tal vez no hubiésemos sobrevivido a la Crisis de Misiles.

Obviamente, no siempre podemos ser servidos así, a veces dependemos de hombres más débiles, más temerosos y menos estables. Esto no es un tema abstracto, y ha vuelto a atormentarnos en la confrontación coreana, como puede ocurrir en otros enfrentamientos. Comprenderlo puede ser una cuestión de  supervivencia. Esto no era sólo mi propio punto de vista, sino que también fue en ese entonces la preocupación persistente del Departamento de Defensa.


Así, después de la crisis, el Departamento de Defensa buscó la seguridad de que la disuasión había funcionado y seguiría funcionando. Es decir, trató de probar la teoría de que los líderes harían correctamente las sumas y serían guiados por lo que las mismas les dijesen, más que por criterios políticos, emocionales u otros.

Un juego de guerra nuclear


Con este fin, el Departamento de Defensa encargó al estratega de conflictos Thomas Schelling que diseñara y dirigiera un juego de guerra político-militar para llevar la experiencia de la Crisis de Misiles al extremo, es decir, averiguar qué harían los rusos si fueran tratados en forma severa, dolorosa y humillante por un ataque nuclear


El juego de Schelling enfrentó a dos pequeños equipos de altos funcionarios de gobierno estadounidenses, completamente informados, en el Pentágono. El Equipo Rojo representó a la URSS y al Equipo Azul a los EEUU. Cada uno recibió toda la información que Jruschov habría tenido. Poco después del montaje, nos dijeron que el Equipo Azul había destruido una ciudad del Equipo Rojo con un arma nuclear. ¿Qué haría el Equipo Rojo? Ya que era mucho más débil que los Estados Unidos, según la teoría de la disuasión, cedería y no tomaría represalias.

Para la exasperación de Schelling, el juego demostró lo contrario. Se demostró que la acción sólo dependía en parte de un cálculo racional del interés nacional, pero en circunstancias de crisis, sería definida por los imperativos políticos a los que se enfrentaba el gobierno.

He discutido esto en detalle en otro lugar, pero en resumen, los miembros del Equipo Rojo, que estaban entre los hombres más experimentados y dotados del Departamento de Estado, la Casa Blanca, la CIA y el Dto. de Defensa, presidido por el muy conservador almirante Jefe de Operaciones Navales, decidió por unanimidad que el Equipo Rojo no tenía otra opción que ir a la guerra general tan rápidamente y tan poderosamente como pudiese.

Schelling paró el juego, diciendo que lo habíamos "mal interpretado" y que si estábamos en lo cierto habría que renunciar a la teoría de la disuasión. Explicamos las razones de nuestra decisión.


Esta decisión se adoptó por dos razones: la primera era que la aquiescencia no era políticamente posible. Ningún gobierno, ruso, estadounidense o lo que fuese, podría aceptar la humillación de la pérdida de una ciudad y sobrevivir a la furia de aquellos que se sintieron traicionados. Incluso a un costo ruinoso, había que devolver el golpe. Esta es una lección aparentemente todavía no aprendida.  

De hecho, podría causar la muerte de cada una de personas que están leyendo este ensayo si se aplica en la vida real en un primer ataque nuclear, como voy a aclarar en breve en la discusión de la crisis de Corea.

La segunda base para la decisión fue que, a pesar de Kissinger, Schelling y otros defensores de la "guerra nuclear limitada", no existe en el mundo real una guerra nuclear limitada.
Una ataque nuclear llevaría inevitablemente a una represalia, nuclear si es posible, y la represalia daría lugar a contra-represalias.

En el juego de guerra, el Equipo Rojo se dio cuenta de que si Jruschov debía tomar represalias por la destrucción de Bakú por Estados Unidos incinerado  San Luis, habría planteado un desafío sin tener en cuenta quién era culpable o cuáles eran las probabilidades de éxito, y Kennedy no podía haber retrocedido. Ciertamente, si no hubiese respondido habría sido derrotado y casi seguro asesinado. Casi seguramente habría destruido una segunda ciudad rusa.

El quid pro quo no tenía punto de parada, cada respuesta daría lugar a la siguiente y rápidamente a la guerra general, por lo que el Equipo Rojo tomo la mejor de sus malas opciones: golpear de nuevo con todo lo que tenía. En resumen, optamos por guerra general


Afortunadamente, ese escenario no fue probado: en la verdadera Crisis de Misiles Cubanos, ninguna ciudad fue incinerada
. Ni Kennedy ni Jruschov fueron empujados más allá por los "cálculos". Pero anduvo muy cerca.

Mi propio presentimiento, por haber sido uno de los 25 o más civiles que participaron estrechamente en esa crisis de la vida real, es que Kennedy y su equipo no podrían haberse mantenido firmes mucho más tiempo que el jueves o el viernes de esa terrible semana. Las implicaciones son claras y aterradoras, pero ni Shelling ni otros "Guerreros Fríos" las han aceptado. Todavía hoy nos estamos acercando al conflicto en Corea con esa mentalidad que nuestro juego de guerra demostró era fatalmente defectuosa.


Las implicaciones son claras -y aterradoras-, pero ni Shelling ni otros guerreros fríos las han aceptado.Nosotros todavía somos modernos al abordar el conflicto en Corea con la mentalidad de que nuestro juego de guerra era fatalmente defectuoso.


La última prueba del resultado del juego de guerra vino cuando di clases sobre planificación estratégica y participé en un seminario sobre la Crisis de Misiles con los miembros del entonces grupo principal asesor del Politburó, el Instituto de Economía Mundial y Asuntos Internacionales de la Academia Soviética de Ciencias.

En una palabra, mis contrapartes coincidieron con el análisis que acabo de exponer: Jruschov no podría haber aceptado un ataque nuclear estadounidense y habría respondido, aunque se diese cuenta de que la abrumadora ventaja - los "números" - estaba contra él.

También acordaron que en términos prácticos no existía una guerra nuclear limitada. Una ataque nuclear "limitada" sería, inevitablemente, el primer paso de una guerra generalizada.

La falta de líderes sabios


Voy a especular más adelante sobre cómo los eventos actuales de la Crisis de Misiles de Cuba y el resultado del juego de guerra podrían aplicarse al actual conflicto en Corea. Aquí permítanme anticiparme a decir que no tenemos ninguna razón para creer que los hombres que decidirán el asunto son del calibre de Kennedy y Jruschov.

Tanto Kennedy como Jruschov eran hombres fuertes, pragmáticos, experimentados y contaban con respaldo. En el conflicto de hoy entre los Estados Unidos y Corea del Norte, ni Donald Trump ni Kim Jong-un nos presentan atributos similares. Algunos críticos incluso cuestionan -en cada caso- su cordura. Pero son ellos los que tomarán las decisiones, así que me centraré en ellos, sus motivaciones y sus capacidades. Empiezo con Trump.

Nunca he conocido personalmente a Trump y nuestros antecedentes son muy diferentes, así que estoy limitado a dos formas -presumiblemente incompletas y cuestionables-  de entenderlo.  

La primera el la descripción que él mismo hace de su proceso de pensamiento y forma de actuar. Las tres características que me parecen más pertinentes en los asuntos exteriores y particularmente a la confrontación en Corea son las siguientes:

* El 12 de noviembre de 2015, Trump declaró: "Amo la guerra". 

De hecho, como demostró su expediente, durante la guerra de Vietnam tuvo serios problemas por negarse a sí mismo los placeres de entrar en situaciones de peligro. {Ver: "Trump mostró examen médico falso para no ir a Vietnam: Daily News" (4)] De cualquier manera, si ahora decidiese llevar a Estados Unidos a la guerra, no pondría su propia vida en peligro.  

En mi época en Washington, a los "amantes de la guerra de lejos" a menudo se les conocía como "halcones-gallina". Les encantaba hablar de guerra e instar a otros a entrar en ella, pero, como el Sr. Trump, nunca se ofrecen para la acción y nunca, en sus pronunciamientos, miran el horror del combate real. Para ellos, la guerra es otro episodio de televisión en el que los buenos se embarran un poco, pero siempre ganan. 

Trump presumiblemente entiende la palabra "guerra" como algo diferente de la guerra real, ya que explicó: "... soy bueno en la guerra. He tenido muchas guerras por mi cuenta. Soy realmente bueno en la guerra. Me encanta la guerra, de cierta manera, pero sólo cuando ganamos ".

Para  Trump, como lo demuestran sus acciones, cada trato comercial era una especie de guerra. Los llevó a cabo como lo que los estrategas militares llaman un juego de suma cero: el ganador se llevó todo y el perdedor no obtuvo nada. Había poca o ninguna negociación. "Atacar" era el modo operativo y su oponente sería conducido a la derrota por la amenaza de la ruina financiera. Esta fue la "cierta manera" en lo que él llamó sus muchas "guerras por mi cuenta".


Y la forma en que lo lleva a cabo. Abrumó a sus rivales con miles de demandas judiciales contra las cuales debían defenderse a un costo ruinoso, convenciéndolos de que si no lo aceptaban, los destruiría y sería implacable. Era muy bueno en eso. Hizo su fortuna en esta forma de "guerra". Parece creer que puede aplicar su experiencia en los negocios a los asuntos internacionales.

Pero a las naciones no es tan probable que se las pueda sacar del negocio como a los rivales que tuvo, y algunas tienen armas nucleares.

* En varias ocasiones, Trump expuso la forma en que entiende el papel de las armas nucleares. En 2015, como candidato, fue citado diciendo: "Para mí, la energía nuclear es el poder puro, la devastación es muy importante para mí." Pero no encuentro evidencia de que se da cuenta de lo que realmente significa "devastación".

Una cosa es conducir a un rival de negocios a la quiebra, y otra muy distinta es conducir la quema hasta la muerte de cientos de miles o millones de personas y relegarlos aún más a la falta de vivienda y al hambre en un ambiente en ruinas.Se supone que es consciente de lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki, pero son ejemplos engañosos. Las armas nucleares modernas son mucho más poderosas: un arma de un megatón, por ejemplo, es unas 50 veces más poderosa que el arma que destruyó a Hiroshima. Aquellos de nosotros que se ocuparon de la amenaza de una guerra nuclear en la Crisis de Misiles de Cuba éramos conscientes de los efectos de tales armas "estándar". No veo ninguna evidencia de que Trump sepa lo que realmente haría una guerra nuclear. De hecho, se le cita diciendo, "¿cuál es el punto de tener armas nucleares si no las usas?" Y encontrará asesores que le dirán que deben ser utilizados. El fantasma del general Lemnitzer flota cerca de la oficina oval.


Orgulloso de la impredecibilidad


*
Trump se enorgullece de la imprevisibilidad. La impredecibilidad era su estrategia de negocios. Como le dijo a un entrevistador de CBS el 1 de enero de 2016, "Tienes que querer ser impredecible, Hace poco hice un gran negocio.Y la persona en el otro lado fue entrevistada por un periódico. '¿Cómo pudo Trump hacer esto?", y dijo 'Es muy imprevisible'. Yo no sabía si lo decía en sentido positivo o negativo, me di cuenta que era positivo.


Otra vez, Trump dijo en la televisión: "Quiero ser impredecible". Los registros demuestran su uso de esa estratagema, pero tal vez sea algo más que una estratagema. Tal vez sea una manifestación de su personalidad, así que quiero investigar su significado.


Hace años, me informaron que la CIA mantenía a un equipo de psicoanalistas para hacer perfil de líderes extranjeros.Si la oficina todavía existe, los médicos presumiblemente no practicarían sus artes en los funcionarios estadounidenses, y ciertamente no en el Presidente. Como parte de su código profesional se supone que los psiquiatras no diagnostican a quienes no han revisado, y dudo que alguien pueda conseguir que Trump
se acueste en el diván,

Pero, como lo han señalado los psiquiatras Peter Kramer y Sally Satel, Trump se ha mostrado "impulsivo, errático, beligerante y vengativo", por lo que "muchos expertos creen que tiene un trastorno narcisista de la personalidad". Como reacción al tener un líder así con su mano sobre el disparador nuclear, el congresista de Maryland Jamie Raskin presentó un proyecto de ley para establecer una "Comisión de Supervisión de la Capacidad Presidencial" (HR 1987), según lo autorizado por la 25ª Enmienda a la Constitución.  No se ha instrumentado todavía y le permite al presidente la holgura para "perdonarse" a sí mismo.


Puesto que ni sus accione ni los esfuerzos de los otros nos ofrecen mucha luz, sugiero que sus acciones se sometan una analogía quizás instructiva, el juego del "gallina".

"El gallina", dos conductores apuntan a sus autos a gran velocidad el uno contra el otro. El que se asuste, aparte a un lado, o (como el Secretario de Estado Dean Rusk me lo expuso durante la Crisis de Misiles Cubanos) "parpadee", es el gallina. El ganador es el conductor que convence al perdedor de que es irracional, sordo a todas las apelaciones y ciego al peligro, y no va a salir del camino.


En la estrategia de guerra del señor Trump, el hombre irracional gana porque no puede ser alcanzado con ninguna advertencia, argumento o consejo, sabiendo esto, el otro pierde precisamente porque es racional. Tres cosas surgen de esta analogía. Parecen evidentes en una aproximación de cómo encara  Trump los asuntos o la guerra o la paz:


+ La primera es que la irracionalidad, irónicamente se convierte en una estrategia racional.Si uno puede convencer a sus oponentes que no se puede razonar con él, gana.Eso ha funcionado durante años en los negocios para Trump.No veo ninguna razón para creer que él va a renunciar a ella

+ La segunda es que el conductor del coche no necesita información o asesoramiento. Son irrelevantes o incluso perjudiciales para su estrategia. Por lo tanto, vemos que Trump no presta atención a los profesionales que manejan las 16 agencias creadas por las administraciones anteriores para proporcionar información o inteligencia.

Un ejemplo en el que su plan de acción va en contra de la apreciación de la inteligencia es Irán. El ex subdirector de la CIA David Cohen encontró "desconcertante", que Trump haya repetido que Irán no estaba cumpliendo con los términos del acuerdo entre Irán y Estados Unidos sobre armas nucleares Pero eso es inherente en la estrategia de confrontación de Trump. Seguramente sabe, pero no le importa, que toda la comunidad de inteligencia sostiene que Irán ha respetado el acuerdo.

En la mente de Trump, los analistas de la inteligencia son "pasajeros del asiento trasero" y deben guardar silencio. Al cuestionar su ceguera, sugieren al conductor del otro automóvil que Trump podría desviarse a un lado. Por lo tanto, amenazan con destruir la irracionalidad que es la esencia de su estrategia..

+ Y, en tercer lugar, lo que Trump "conductor" del coche en la confrontación "gallina" necesita es la lealtad absoluta. Los que se sientan a su lado nunca deben cuestionar cómo está conduciendo. Cualquier indicación de un intento de disuadirlo significa una amenaza que puede destruir su estrategia.Por lo tanto, como lo vemos casi a diario, ante cualquier indicio de desacuerdo, empuja a sus copilotos fuera del coche. En efecto, y uno ni siquiera llego a entrar en el "coche", antes fue empujado por la puerta.

Sus acciones tanto en los negocios como en la presidencia ilustran estos puntos. Se enorgullece de las acciones irracionales, cambiando de una posición a otra, incluso la opuesta, en lo que parece ser un capricho. Desprecia el consejo incluso de los servicios de inteligencia y también de miembros presumiblemente leales de su círculo íntimo. Lo que exige es lealtad absoluta..

Finalmente, me parece que Trump ha entendido, mucho mejor que la mayoría de nosotros, que al público le gusta divertirse. Está aburrido por la coherencia. No presta mucha atención a la explicación o al análisis. Y como lo muestra el éxito financiero de la industria de la televisión y los lamentables best-sellers de la industria editorial, el público quiere entretenimiento.Trump satisface al gusto popular: cada episodio es nuevo; cada observación, simple; cada amenaza, dramática; y, quizás lo más poderoso de todos, se hace eco de angustias, decepciones, heridas, deseos que muchos de sus partidarios también sienten.

Este modo de operación le funcionó a Trump en el mundo de los negocios, su imagen de crueldad, determinación e incluso irracionalidad hizo que algunos de los rivales potenciales más grandes saliesen de su camino y muchos otros aceptaran sus términos en lugar de arriesgarse a una colisión.  


No ha cambiado su modo de operación, pero sí el contexto en el que opera. El Citibank, con el que se enfrentó, no tenía armas nucleares. Corea del Norte sí.

Evaluación de Kim Jong Un


Kim Jong Un es la tercera generación del liderazgo de Corea del Norte. Esta posición está casi más allá de la comprensión de los occidentales modernos, las dinastías gobernantes pasaron de moda en la Primera Guerra Mundial.  


Tal vez pueda hacerse una consideración de la "dinastía" para lograr ideas útiles. Alguien que trató de aprender lo que la sucesión dinástica puede significar fue el gran filósofo nor-africano de la historia medieval, Ibn Jaldún.(5)

Al observar las sociedades bereberes y árabes, Ibn Jaldún encontró que la primera generación de la dinastía, que había venido del desierto, estaba formada por hombres rudos y vigorosos; sus hijos todavía recordaban los tiempos de lucha y conservaban su dureza, pero la tercera generación creció el en el lujo y tuvo todo fácil. Sus líderes mantuvieron el poder confiando en fuerzas externas. La cuarta generación lo perdería todo.

Aplicar esto a Corea está lejos de ser exacto, pero es provocativo.

Kim Il-sung era un guerrillero, no muy diferente de los líderes tribales en guerra con los que trataba Ibn
Jaldún. Volviendo desde Siberia tomó el poder (es cierto que con la ayuda de la Unión Soviética), gobernó durante casi medio siglo y estableció la dinastía; en la segunda generación, su hijo Kim Jong-Il llegó sin problemas al poder tras su muerte en 1994.

Aunque compartía poco de las experiencias de guerra de su padre, parece ser un hombre duro, como Ibn Jaldún esperaría.  Pero nos da apenas un indicio de disfrute en el nuevo ambiente. El lujo que gozó era exactamente lo que Ibn Jaldún habría predicho. Tomó como amante a una hermosa bailarina. De esta unión vino Kim Jong-un.

Kim Jong Un es la personificación de la tercera dinastía.

El joven Kim Jong-un creció en lo que fue, en términos coreanos, una cuna de oro. Como un niño se le permitió jugar el juego infantil de los soldados. Sus soldados, sin embargo, no eran juguetes; eran reales.

No hay certeza en la información, pero se cree que fue nombrado oficial superior del ejército de Corea del Norte cuando era apenas un niño. A los 12 años su padre lo envió a una escuela privada en Suiza. Tenía un chef personal que le cocinaba platos coreanos, así como un tutor y un chofer-guardaespaldas, no parece haber estado realmente "en" Europa. Fue sacado de la escuela suiza cuando tenía 15 años y puesto en una escuela pública en Corea. Los pocos que lo conocieron comentan que era intensamente patriótico. Por decisión de su padre, aunque no era el hijo mayor, fue elegido como el sucesor, el hombre de la tercera generación.

A pesar de este inusual antecedente, se parece notablemente a un colegial americano común: le encantaba los deportes, sobre todo el básquetbol, pasaba mucho tiempo viendo películas y era un estudiante mediocre. Esto es casi todo sabemos acerca de sus antecedentes. No salió al público hasta el momento en que su padre se estaba muriendo.

En 2009, se cree que se casó con una hermosa joven que ha sido descrita como una cantante de un grupo de música popular, una animadora de eventos deportivos y candidata al doctorado en una universidad coreana. Cuando su padre finalmente murió en 2011, Kim Jong-un, de 32 años de edad, se convirtió en el líder de Corea del Norte.


Pero al asumir el poder, se mostró un gobernante más despiadado, determinado y absoluto de lo que Ibn Jaldún habría predicho. Casi de inmediato, purgó a su principal general entre otros altos funcionarios, y supuestamente ordenó o aceptó el asesinato de su hermano mayor, al que debe haber visto como un potencial rival. En términos generales, demostró ser hábil al organizar los amargos recuerdos de su pueblo sobre la guerra de Corea para lograr el apoyo a su régimen.

Para explicar en parte la inconsistencia de lo que hizo y lo que se esperaba de la tercera generación, sugiero que debió haber tenido tenido en cuenta la lección de previa Saddam Husain que renunció a las armas nucleares, no pudo defenderse y fue ahorcado.
Viendo estos eventos como un hombre joven, Kim Jong-un debe haberse convencido de que no podía permitirse el lujo de entregarse al lujo. Como sus adversarios lo acusan, puede tener muchos vicios, pero la pereza no es uno de ellos.

Opciones de políticas


A partir de esta evaluación incompleta sobre los dos hombres cuyas manos están sobre el disparador nuclear, voy a lo que son sus opciones.
Es decir, cuál es la gama de políticas que deben considerar o promulgar para lograr lo que dicen que son sus objetivos.

Según entiendo sus objetivos, el gobernante de Corea del Norte está decidido a proteger su régimen (y por supuesto su propia vida) y cree que sólo puede hacerlo si tiene la capacidad de infligir un golpe suficientemente doloroso para cualquier atacante, que lo disuada de hacerlo.

Como Siegfried Hecker, ex director del Laboratorio Nacional de Los Alamos que ha visitado siete veces Corea del Norte y visitado sus instalaciones nucleares, ha escrito (Boletín de los Científicos Atómicos, 7 de agosto de 2017), Kim Jong-un "está decidido a desarrollar una disuasión eficaz para neutralizar a Estados Unidos".

Por el contrario, el objetivo anunciado por el Presidente Trump (que en esto se hace eco de las anteriores administraciones) es lograr que el gobierno norcoreano deje de desarrollar armas nucleares y misiles junto con, teóricamente, una serie de políticas para lograr su objetivo.


Retomando mi papel anterior como planificador de políticas, dividiría los cursos necesarios de acción americana, el costo de cada uno y su probabilidad de ser factible de la siguiente manera:


* La primera política posible es lo que podría llamarse "fanfarronería y amenaza sin acción armada"

Esto es lo que el Presidente Trump está haciendo hoy. Sus estallidos aparentemente van bien con sus leales partidarios, pero al parecer sus palabras no surtido efecto -al menos hasta ahora- sobre Kim Jong-un.

Ha tenido el peor resultado posible: aumentar el miedo de Corea del Norte a una invasión de EE.UU. y la determinación de Kim Jong Un a desarrollar una capacidad de armas nucleares y misiles, y probablemente ha alimentado la fiebre de guerra de los coreanos.


Thomas Schelling, con quien no estuve de acuerdo otras veces, ahora está en lo cierto. Como escribió en La Estrategia del Conflicto "los locos, como los niños pequeños, a menudo no pueden ser controlados por las amenazas" y "si se quiere que un oponente reaccione como un león atrapado, hay que de dejarse un recurso que nos sea tolerable. Nos hemos dado cuenta de que una amenaza de enormes represalias le da al enemigo todo la motivación, en caso de que decida no prestar atención a la amenaza, para llevar su confrontación con un ataque total sobre nosotros; elimina cursos de acción intermedios y lo obliga a elegir entre los extremos ".

Al hacer su elección, Kim Jong Un ha escuchado al presidente Trump, amenazando con "el fuego y la furia, como nunca había visto antes". Kim respondió con la amenaza de bombardear la base aérea de los Estados Unidos en la isla de Guam "para darle a Estados Unidos una dura lección".


Trump dijo que Estados Unidos estaba "cargado y amartillado" y que su "paciencia había llegado a su fin". Además de sus observaciones en internet y para que lo oyese todo Estados Unidos, autorizó un simulacro de ejercicio (conocido como Foal Eagle 2017) por unos 300.000 soldados armados con munición real alrededor de Corea del Sur, lo que, por supuesto, el gobierno del Norte vio como una provocación.

Pero Estados Unidos no alertó a sus tropas en Corea del Sur ni a sus aviones en Guam ni a sus buques en el mar de que un estallido de hostilidades fuese inminente. En concreto, amenazas en palabras pero ninguna acción.

El senador John McCain, un hombre con cierta experiencia en combate, comentó que la reciente retórica ardiente del Presidente Trump sobre Corea del Norte sólo aumentaría el calor para una posible confrontación, pero nada más. Como comentó el comentarista político conservador Anthony Cordesman el 5 de agosto de 2017, "se podría esperar que la 'crisis' de Corea del Norte dejase atrás las fanfarroneadas  y contra-
fanfarroneadas... [ya que] la exagerada reacción y emitir amenazas vacías desacredita a los Estados Unidos en términos de apoyo de aliados y no es una herramienta de negociación significativa en el trato con otros fanáticos como Kim Jong Un".

Conclusión: la probabilidad de que esta línea de acción logre el objetivo declarado de la política estadounidense es casi cero, pero los costos son dobles: en primer lugar, la amenaza de intervención obliga al gobierno norcoreano a acelerar el logro de las mismas armas a que Estados Unidos desea hacerlo renunciar, y sirve para mantener el alerta a sus fuerzas armadas para que los estadounidenses no conviertan la amenaza en ataque o tropiecen con la guerra; el segundo costo es que tal política socava la imagen que los estadounidenses desean proyectar como defensores de la paz y la estabilidad, si no siempre de la democracia y la independencia.

La opción de represalias limitadas


* La segunda política posible sería atacar objetivos seleccionados, incluyendo miembros del gobierno norcoreano, con fuerzas especiales y / o drones.

El empleo de tales tácticas incluso en sociedades menos organizadas, como Somalia, Libia, Irak y Afganistán, ha creado el caos sin producir lo que sus propulsores prometieron.

Corea del Norte es un estado reglamentado con un alto nivel de "seguridad" comparable a China.
Una vez en la década de 1960 me encomendaron investigar qué podría hacer la CIA con una opción similar para frenar el desarrollo nuclear chino. La CIA estaba enviando agentes a China desde bases secretas en Quemoy y Matsu. Pregunté qué descubrieron. El oficial responsable de la CIA respondió que no sabía porque nadie regresó. Esa experiencia probablemente se repetiría en Corea. 

Conclusión: La probabilidad de que tal acción cumpla las palabras de la política estadounidense es -también- casi cero, pero el costo podría ser catastrófico: un ataque estadounidense, aunque sea negado y encubierto, casi con seguridad daría lugar a una respuesta de Corea del Norte que podría provocar una contraataque estadounidense, que a su vez podría convertirse en una guerra nuclear.

* La tercera política posible sería que los vecinos de Corea del Norte traten de coaccionarlo para desarmarse y / o reducir su política militar, una política cuyo objetivo es conseguir que China controle a los norcoreanos, o impulsar a Corea del Sur para que tenga armas nucleares, y por lo tanto ella también represente una amenaza para Corea del Norte, e indirectamente a los intereses chinos
.


Trump ha pedido en varias ocasiones a los chinos que lleven a cabo la política estadounidense sobre Corea del Norte y ha expresado su decepción por que no lo hayan hecho. Cuando sus propios intereses estaban en juego, los chinos impusieron sanciones y recortaron la importación de carbón coreano, mineral de hierro y mariscos. 

Pero difícilmente se puede esperar que China se preste a ser una herramienta de la política estadounidense. También tiene recuerdos de la guerra de Corea y de los intentos de debilitarla o derribarla. Hoy en día, también ve a los EE.UU. como su rival en el Pacífico.

Por lo tanto es poco probable que Trump, diciendo que "no hacen nada por nosotros con Corea del Norte, sólo hablar. Ya no permitiremos que esto continúe", gane el apoyo chino.

Y si no los chinos, ¿qué pasa con los japoneses?

Como he señalado en la parte primera de este ensayo, Japón está embarrado por el casi medio siglo de su régimen brutal en Corea. Las coreanas "mujeres de consuelo", esclavas sexuales, todavía buscan compensación por la miseria a las que se les sometió y su condición es algo corriente en los medios coreanos.


El primer ministro Shinzo Abe, que ha estado presionando por el rearme japonés y es conocido por su línea dura hacia Corea del Norte, no es una buena opción para convencerla a cooperar con Estados Unidos. El fomento del militarismo en Japón generará amargos recuerdos en todo el este asiático.

Por otra parte, si Japón se rearmase con armas nucleares o se las diese a Corea del Sur, como Cordesman cree que Trump podría sentirse forzado a hacer, los objetivos generales y de largo alcance de los Estados Unidos serían gravemente dañados: "La cura sería peor que la enfermedad".

No necesitamos más armas nucleares, la historia política de Corea del Sur da pocas garantías de una política nuclear "responsable" y no hay razón para creer que una Corea del Sur con armas nucleares o un Japón con armas nucleares tendrían más éxito que una Norteamérica con armas nucleares


Peor aún, si Corea del Sur y Japón desarrollaran o adquirieran armas nucleares, tal acción podría desencadenar el alboroto de otras naciones para tener otras. El mundo ya era mortalmente peligroso cuando sólo dos estados tenían armas nucleares, el peligro de uso por voluntad o por accidente se multiplicó cuando cinco estados más las tuvieron y si el número sigue creciendo el uso accidental o deliberado será casi inevitable.


Difundir más armas va contra el interés nacional de Estados Unidos, aunque algunos de los asesores del presidente Trump aparentemente descartan el peligro y creen que potenciar la energía nuclear en el país y propagarla selectivamente fuera de fronteras sea el interés tanto de la nación como de su administración.

Conclusión: La probabilidad de lograr que otros cumplan con éxito los objetivos estadounidenses con respecto a Corea del Norte es casi cero. Frente a una Corea del Sur con armas nucleares, o Japón, Corea del Norte lógicamente aceleraría en lugar de reducir su programa de armas. China tiene sus propias políticas y es poco probable que sirva como una herramienta del poder estadounidense. Además, los costos de otorgar a Corea del Sur y Japón armas nucleares son potencialmente enormes. 

La opción nuclear

*
La cuarta opción de política teórica sería un ataque de "coalición" dirigido por Estados Unidos contra Corea del Norte, similar a los dos ataques contra Irak y al ataque contra Afganistán.

Estados Unidos podría golpear al país con casi cualquier nivel de destrucción que eligiese para de la aniquilación total del objetivo. Sabiendo que no podrían evitar los ataques, los norcoreanos adoptaron una política que suena muy parecida a la estrategia de Estados Unidos contra la Unión Soviética en la Guerra Fría, la mutua asegurada destrucción, "MAD" [que como es sabido significa "loco"]. ¿Qué supondría esto en el conflicto coreano?

El costo de la guerra para Corea del Norte sería casi inimaginable. Si, como es probable que haya querido hacer el General MacArthur hacer en la Primera Guerra de Corea, se utilizasen armas nucleares, gran parte de Corea del Norte quedaría inhabitable durante una generación o más.

Incluso con las armas convencionales utilizadas en aquel conflicto, los coreanos sufrieron bajas, según se informa, de aproximadamente una de cada tres personas.

Si esta vez Estados Unidos usara armas nucleares, millones, tal vez entre 8 y 12, serían muertos, y muchos de los 26 millones de habitantes serían heridos o afectados por enfermedades a consecuencia de la radiación. Este daño sería hecho en minutos u horas ¿Y cómo responderían entonces los norcoreanos?


Su gobierno les ordenaría tomar represalias. Eso es en lo que constantemente están siendo entrenados. Como demostró la guerra de Corea, los norcoreanos son combatientes decididos. Sería absurdo esperar que se rindiesen.

Se dice que el ejército norcoreano es el cuarto más grande del mundo, aproximadamente un millón de hombres, y está respaldado por una reserva activa de 5-6 veces más, y un posible reclutamiento de unos 10 millones. Esta fuerza está equipada con quizá 10.000 tanques y cañones autopropulsados.

Las cifras son impresionantes, pero como en ajedrez, es la posición que cuenta en la guerra. Se cree que el norte tiene cerca de 12.000 cañones y aproximadamente 2.300 cohetes dentro de del rango de alcanzar Seúl, la capital de Corea del Sur. Esta ciudad tiene una población de algo más 10 millones de personas y, en el caso de un ataque estadounidense contra Corea del Norte, los norcoreanos han dicho que la borrarían.

Como David Wood escribió el 18 de abril de 2017:


 "En cuestión de minutos, estas armas pesadas y de baja tecnología podrían comenzar la destrucción de la capital surcoreana con nieblas de fragmentos de vidrio, edificios colapsados y bajas masivas que diezmarían a este vibrante aliado estadounidense y enviarían ondas de choque a través de la economía global. "

Además de los surcoreanos que sufrirían y morirían, hay alrededor. 30.000 soldados estadounidenses en la zona de armisticio. Ellos, y los cientos de miles de dependientes, proveedores y familias de las tropas que viven en Seúl, son rehenes de la política estadounidense. También sufrirían terribles bajas.

¿Podrían los norcoreanos llevar a cabo tales contraataques masivos? Hay poca duda, o ninguna, de que podrían, incluso si habiendo sito atacados en masa con armas nucleares. Los norcoreanos aprendieron de la primera guerra de Corea a usar lanzadores móviles, difíciles de detectar o de neutralizar, y de moverse desde la clandestinidad a los puntos de tiro ya preparados.

Probablemente muchas de las armas de Corea del Norte serían destruidas, pero hay tantas que las piezas sobrevivientes podrían infligir bajas masivas. Fotos casi increíbles de la televisión norcoreana publicadas en The Sun el 26 de abril de 2017, mostraron cientos de piezas de artillería de Corea del Norte y lanzadores de cohetes disparando al mar. En caso de guerra, estarían disparando a Seúl.

Luego están los misiles. Japón en general, y las bases estadounidenses allí y en la isla de Guam, están dentro del alcance de cohetes de Corea del Norte de rango medio. Y Alaska y la costa oeste de EE.UU. ya están, o pronto estarán,  dentro del alcance.

¿Los tomaría Corea del Norte como blanco de un contraataque? El 7 de agosto, según informó Business Insider, "Corea del Norte emitió una severa advertencia a los EE.UU.: Si nos atacan, tomaremos represalias con armas nucleares"

A juzgar por mi experiencia en la Crisis de Misiles Cubanos, estoy seguro de que tendríamos eso. Es improbable que Kim Jong-un haga menos que lo que hubiese hecho John F. Kennedy. 

Perder Los Angeles 

Si en respuesta a un ataque estadounidense, los norcoreanos contra-golpeasen a Estados Unidos ¿cuál sería el resultado? 

Loren Thompson especuló en la edición de 30 de agosto de 2017 de Forbes sobre "Lo que una sola cabeza de guerra nuclear norcoreana podría hacer a Los Ángeles". escogió Los Ángeles porque está o pronto estará en el rango de misiles norcoreanos y sería una opción obvia contra la cual amenazar como represalia. Con una población de más de 13 millones, es la segunda ciudad más grande en Estados Unidos.

Mientras escribo esto, Corea del Norte parece haber hecho una demostración con un arma termonuclear no de las más poderosas, aproximadamente 7 veces el poder de la bomba que destruyó Hiroshima. Pero Thompson especula sobre el resultado de su ser alcanzado por una bomba de las que presumiblemente pronto tendrán, unas 33 veces más potente que la bomba de Hiroshima.

Prácticamente todas las instalaciones civiles (redes eléctricas, tuberías de agua, instalaciones de transporte, etc.) quedarían inoperantes y los servicios civiles (bomberos, policía, hospitales, escuelas) serían destruidos o seriamente dañados.

Una nube de materiales radioactivos se extendería por una zona mucho más amplia. Y tal vez hasta un millón de personas serían quemadas a muerte de inmediato con muchos más gravemente heridos y sin posibilidad de tener ayuda. Y eso sería sólo en las primeras horas o días. En los días siguientes, los heridos, a menudo sufriendo quemaduras, hambre, sed, terror y desesperación, salían de la zona central a los suburbios y las ciudades circundantes, abrumando sus instalaciones.

Los Ángeles sería sólo un objetivo. Corea del Norte no tendría nada que perder usando todos sus misiles y bombas. Algunos podrían desviarse o fallar, pero algunos podrían llegar a San Francisco, Seattle, quizás Denver y más remotamente St. Louis, Dallas y quizás Chicago. Si llegan a Nueva York, el daño sería mucho mayor que en Los Ángeles.

Conclusión: Según dijo Steven Bannon, el ex-jefe de estrategia del presidente Trump: "No hay solución militar [a las amenazas nucleares de Corea del Norte], olvídalo. Hasta que alguien resuelva la parte de la ecuación que muestra que diez millones de personas mueren en Seúl en los primeros 30 minutos por armas convencionales, no sé de qué estás hablando, no hay solución militar aquí. ¡Nos metieron en esto!".

Eso puede explicar por qué fue despedido. Y el teniente general retirado James Clapper, que como ex director de Inteligencia Nacional ya no estaba en peligro de perder su trabajo, dijo a CNN, "debemos aceptar el hecho de que son una potencia nuclear".


Un ataque a Corea del Norte, aunque casi con toda seguridad la devastará, sería prohibitivamente costoso para Estados Unidos. Además, aunque impediría temporalmente que Corea del Norte planteara una amenaza nuclear, crearía otra zona de caos, como las creadas en Irak y Libia , Somalia y Afganistán.

Atacar a Corea del Norte no es una opción política racional.


Tratando de hablar


* La opción de política restante es la negociación. ¿Qué sería negociable y qué no? ¿Cuáles serían las modalidades? ¿Qué sería el éxito y cuál sería el resultado del fracaso? ¿Cómo podría hacerse creíble un resultado y cómo podría hacerse cumplir? 

Creo que debemos empezar reconociendo que sería irracional que Corea del Norte renunciara a misiles y armas nucleares. A pesar del horror con el que veo las armas nucleares, son muy atractivas para las naciones pequeñas y nivelan el campo de juego. Un dicho de mi juventud en Texas lo resume: la invención de Colt del revólver "hizo que todos los hombres fuesen iguales." El arma nuclear es un revólver grande. Es la última defensa.

Para Kim Jong-un, renunciar a sus armas nucleares mientras conservamos las nuestras y ya anunciamos que tenemos la intención de derrocar a su régimen, sería el  equivalente a su suicidio. Puede ser malo, como muchos creen, pero no hay razón para creer que es estúpido.

¿No podría Estados Unidos en el curso de las negociaciones ofrecer una serie de pasos graduados en los que con el tiempo se podría negociar una desaceleración y eliminación final de misiles y armas nucleares, poner fin a las sanciones, y un aumento en la ayuda?

La respuesta, creo, es "sí, pero ...". El "pero" es que Kim Yong-un casi seguramente insistiría en tres cosas: 

+ La primera es que no renunciaría a todas sus armas y por lo tanto insistiría en que Norte Corea debe ser reconocida como una potencia nuclear

+ La segunda es no ser humillado con la interrupción de las negociaciones.

+ Y la tercera es que se estipule alguna fórmula para garantizar el trato. He tratado con las dos primeras cuestiones anteriores; Pasaré ahora a la tercera, cómo garantizar el acuerdo.

La invasión de Irak por parte de la administración Bush en 2001 mostró que Estados Unidos podría inventar excusas para anular cualquier compromiso que pudiera hacer, y usar esas excusas para cualquier acción que deseara tomar. La actual intención de la administración Trump de renunciar al tratado hecho con Irán y suscrito según el derecho estadounidense por el Senado, debe haber convencido a los norcoreanos de que un tratado con Estados Unidos es sólo un trozo de papel. Deben estar convencidos de que no se puede confiar en Estados Unidos.

Pero si China y Rusia estuvieran preparadas para garantizar el acuerdo y Japón y Corea del Sur lo aceptasen y renunciasen a su opción de fabricar o comprar armas nucleares, podría ser el primer paso de una serie gradual de pasos que podrían ser productivos .
Al mismo tiempo, Estados Unidos tendría que renunciar a sus sanciones ineficaces, detener actos tan provocativos como el juego de guerra masivo en la frontera y el aluvión de amenazas, y emprender una especie de Plan Marshall para sacar a Corea del Norte de la pobreza y el hambre.

Conclusión: Estoy convencido de que no será posible en el futuro previsible que Kim Jong-un, o cualquier sucesor concebible, renuncie a las armas nucleares de largo alcance. Por lo tanto, no puede haber "éxito" tal como se describe en las declaraciones políticas actuales de la administración Trump. Sin embargo, se pueden crear arreglos -incluyendo a China y Rusia como socios en las negociaciones y renunciando a las amenazas y a las políticas perjudiciales (e ineficaces) como sanciones- para crear gradualmente un ambiente en el cual Corea del Norte pueda ser aceptada como un "socio en en club". Si no nos movemos en esta dirección, nos quedaremos, en el mejor de los casos, en el limbo del miedo y la posibilidad de tropezar con la guerra.   

Esto es obviamente un gambito que puede fallar. Lo que está claro, sin embargo, es que ninguna de las alternativas ha funcionado o es probable que funcione.

Embarcarnos en este camino requerirá una condición de estadista que tal vez no tengamos. 

Cómo hacerlo


Si el gobierno de los Estados Unidos decide intentar esta opción,
tendrán que tomarse los siguientes pasos para iniciar las negociaciones: 

En primer lugar, el gobierno de Estados Unidos debe aceptar el hecho de que Corea del Norte es una potencia nuclear.

En segundo lugar, debe comprometerse de manera formal e irrevocable a una política de no-primer ataque: esa era la política prevista por los Padres Fundadores cuando negaban al jefe ejecutivo el poder de hacer frente a una guerra agresiva;


En tercer lugar, debe 
eliminar las sanciones a Corea del Norte y empezar a ofrecer en forma gradual una ayuda para mitigar las hambrunas actuales (y potencialmente futuras) causadas por las sequías y las malas cosechas, ayudar a Corea del Norte a avanzar hacia la prosperidad y reducir el temor.

Cuarto, detener las amenazas hechas y abandonar los juegos de guerra improductivos y provocativos en la Zona Desmilitarizada.

¿Podrá acaso cualquier administración estadounidense avanzar en esa dirección? Creo que la respuesta dependerá en gran parte de la educación de los líderes gubernamentales y del público, entre quienes el nivel de ignorancia de los costos reales de la guerra, especialmente la guerra nuclear, es políticamente incapacitante.

Como ya lo sugerido, Trump no ha mostrado comprensión de los costos de la guerra en un contexto nuclear. Tampoco el público en general. Las imágenes de niños en Guam que se les dice que no miren el flash de la bola de fuego recuerda uno de los consejos ridículos a los niños de la escuela durante la Guerra Fría de refugiarse bajo sus escritorios.

La realidad de una guerra moderna debe ser explicada y enseñada. No sé si los niños coreanos están enseñados sobre esto, pero sus padres o abuelos lo supieron de primera mano. Esta generación de estadounidenses nunca ha visto la guerra en Estados Unidos, aunque algunos de sus padres la vieron en Corea, Vietnam, Irak y Afganistán. Desafortunadamente, los recuerdos se desvanecen y los estadounidenses de hoy no quieren ser informados sobre el peligro de una nueva guerra. El escapismo es uno de los grandes peligros que enfrentamos.

En la tradición americana, el presidente es el maestro de la nación. Debemos insistir en que cumpla esa tarea, o podremos pagar el precio supremo de caer desde el borde al oscuro vacío de la guerra nuclear.
.

William R. Polk es un veterano consultor de política exterior, autor y profesor que enseñó sobre estudios de Oriente Medio en Harvard. El presidente John F. Kennedy nombró a Polk para el Consejo de Planificación de Políticas del Departamento de Estado, donde sirvió durante la Crisis de Misiles de Cuba. Sus libros incluyen: Política Violenta: Insurgencia y Terrorismo; Entender a Iraq; Entender a Irán; Historia Personal: Vivir en Tiempos Interesantes; El Trueno Distante: Reflexiones sobre los peligros de nuestros tiempos; y Humpty Dumpty: El destino del cambio de régimen.

Fuente: https://consortiumnews.com/2017/09/05/on-the-brink-of-nuclear-war/

Notas:

(1) La primera nota es Cómo explica la historia la crisis coreana https://n0estandificil.blogspot.com.uy/2017/09/como-explica-la-historia-la-crisis.html
(2) Tucídides, general e historiador ateniense del siglo V ac. En su obra "Historia de la guerra del Peloponeso" hace un extenso y riguroso estudio de dicha guerra entre Atenas y Esparta -encabezando ambas ciudades "ligas-", en la que participó, y funda en cierto modo en ella la Historia como disciplina científica. Al mismo tiempo es un fundador de la teoría del "realismo político" en las relaciones internacionales, basado en el cálculo del poder y la pura y cruda evaluación de fuerzas sin consideraciones éticas. En cierta forma, si tenemos en cuenta que Atenas perdió esa guerra en la que Tucídides participó precisamente de ese lado, que escribe su obra a posteriori, y que tanto la guerra como la derrota fueron producto de la explotación extrema de Atenas sobre sus colonias que las incitó a la rebelión, podríamos decir que Tucídides expresa la ideología de un "imperialismo prudente", y es significativo que un yanqui lo traiga ahora como diciendo "no hagamos la de Atenas".
(3) Nikita Jruschov. Por discutible que sea esta figura en la historia es claro que no era ni un cobarde ni un loco. Fue destituido de la máxima dirección de la URSS en 1964, pero eso no tuvo nada que ver con la crisis de los misiles de la que salió (como lo señala el autor) sino del fracaso de las reformas que intentó, al principio en forma un poco más audaz y luego en forma más conciliadora. Luego de eso se abrió un período de "contrarreforma" que también fracasó, y luego el otro intento reformista de Gorbachov que terminó en el hundimiento de la URSS. Obviamente, ni Stalin y Jruschov ni Mandrake.
(4) Trump escapando de Vietnam: http://www.unotv.com/noticias/internacional/detalle/trump-mostro-examen-medico-falso-para-evitar-ir-a-vietnam-diario-407334/
(5) Ibm Jaldún conocido en Occidente como Abenjaldum, 1332-1406,  historiador, sociólogo, filósofo, economista, geógrafo, etc que no tenía ningún título, y también político activo pero en eso fracasó, tuvo que "renunciar" y se dedicó a las ciencias sociales- Tal vez el fundador de la filosofía de la historia, de la historia de las civilizaciones y de la sociología, su obra "Libro de la evidencia" es una historia universal además de historia de los árabes y bereberes.

Comentario final: Resulta bastante claro que el autor sugiere un "Motín del Bounty" contra Trump, que los del "asiento del pasajero" le den una patada al conductor loco y propongan luego un acuerdo a los que hagan lo mismo en el otro auto. El plan es complicado porque solo puede funcionar si triunfan los dos motines y el triunfo de uno desactiva el otro. Pero también es bastante claro que no es una voz solitaria en EEUU y hay unos cuantos "pasajeros" en esto, y para nada nacidos ayer. Lo que resulta inaceptable para nosotros es que el gobierno uruguayo, su cancillería y representante en el CS de la ONU, se sumen a la condena unilateral a Corea del Norte respaldado así la agresión imperialista. Estamos totalmente en contra de cualquier armamento nuclear  ofensivo o defensivo, pero no hay mejor demostración que este ensayo de que esta política del gobierno uruguayo es una opción irresponsable que no contribuye en nada al desarme y a la paz sino todo lo contrario..

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