Marxito me suena un poco a Hemingway
 
¡Ay de los vencidos! Manuel Marx Menéndez. Montevideo, 1917, 300 pgs, editorial ninguna (¡bien, Marxito!!)

- If he went down, there went fifthy thousand bucks.
- Como responsable pude haberles ordenado, no lo hice... No fue como lo narrado por Costa Gavras..
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Una prosa deslucida, parca y llana que fluye casi aburrida y se deja llevar por lo que ocurre.

Tal vez las causas en cada uno sean bien diferentes. En “Marxito” (como se lo conoce) es, creo, producto de su intransigente modestia. Él no es "el" protagonista de esa historia de la lucha armada del MLN Tupamaros del 60 y lo que siguió, es un simple vehículo humano entre la lógica ilógica del fondo histórico-social del que surge, y el lento montón de hechos desacomodados en que se plasma. En un período ha sido dirigente, pero -sin negar su responsabilidad- su voz es la de un militante de base.

En Hemingway es a veces una trampa para que el lector baje la guardia. Apenas una breve frase indica, cuando el boxeador recibe un golpe bajo descalificante de su rival y se aviva ahí, que lo quieren cagar en cincuenta mil dólares... Golpe bajo al lector (Fifthy Grand).

Si esperamos un golpe bajo así en Marxito, nunca llega. ¡El libro entero es el golpe bajo!

A la leyenda, golpe terrible. Prosa deslucida porque no quiere lucir nada, demasiado lucimiento hubo. Hoy se discute sobre las delaciones que hubo. Marxito es el gran delator que confiesa todas las debilidades y fallas, aunque solamente habla ahora, que puede. Informa a su superior, misión cumplida.

Un grupo de gurises sin ninguna preparación, totalmente improvisados, con ganas de pelear y nada más, y nada menos. "Improvisación y pragmatismo".

Y lo muestra cuándo tiene que cumplir a ciegas, en horas, sin preparación ni recursos ni información, la orden de secuestrar al segundo de la embajada yanqui (y la cumple), luego de haber pasado antes por un collar de asaltos frustrados a bancos (que dan lástima),  de bombas que les explotan a ellos, y todo lo demás.

Así aprenden y caminan, y también caen. Improvisación y pragmatismo que eran además la teoría de los jefes, de los que poco se ocupa. Ni de quién tenía razón. Este es un libro totalmente “fuera de tono” en todo eso que ahora se discute.

Un pequeño golpecito “hemingway”, sí, cuando habla de dos presos en Punta Carretas sobre los que había orden de los jefes “a esos ni se les saluda”, y queremos ver quienes son: Hébert Mejias y América García.


Un clímax dramático lentamente armado, sí, cuando muestra el temor de los simples colaboradores que prestaban su casa, temor por sus hijos.

Las menciones a los jefes ni valen la pena. Alguna nota al pie es lo que hay en algún caso, aunque los hechos son suficientes. 

Un inconveniente, falta un vehículo necesario en el operativo Pando y el jefe decide un robo a último momento. No tiene mejor idea que un garaje donde el encargado podrá informar matrícula, marca, modelo, color, hora y lugar y cuántos. Y nada mejor, encima, que decir expresamente que eran Tupamaros ¿De qué serviría estar haciendo una revolución si uno no se manda la parte de estar haciendo una revolución, y quién piensa en las posibles consecuencias inmediatas para el operativo en marcha?

Otro caso, en la cárcel, un jefe viene a preguntar por qué había fallado aquello del yanqui. No se le ocurre que porque estaba hecho para fallar, pero dicta cátedra sobre los procedimientos a seguir en esos casos. Y la nota al pie
dice qué tal la aplicó cuando le tocó a él, pero sobra, con esa cátedra alcanzaba. 

Marca diferencias de personalidad, eso sí, entre los jefes. Si algunos salen  mal parados, otros no. En el fracaso están todos, pero la diferencia es entre hundirse con el barco o hacer como las que ya sabemos.

Este libro pasará desapercibido. Quiere ver el bosque y ni se preocupa por lo que importa en estos días, el árbol tal o el árbol cual, el jefe tal, el traidor cual, el plan tal, la caída cual, la entrega tal. Es en eso que está fuera de tono. ¡A quién se le ocurre ocuparse del bosque con tanta discusión sobre los árboles!


Y alguno lee el libro a ver si él salió en la foto, y qué tal. Era previsible.

Evaluar el bosque desde sus raíces, arranca en el Documento 1. “La lucha armada será la principal forma de lucha de nuestro pueblo, y a ella deberán supeditarse todas las demás”. Es un tema de concepción, Marxito muestra que en todas las discusiones y autocríticas posteriores nunca se entra en este punto.

¿Podría haberse dado esa discusión? Marxito insinúa el tema cuando habla de las llamadas “fracciones” que a determinada altura aparecieron. Tema tabú hasta hoy. Y hoy, me interesaría saber que es eso de “divisionista” y por qué.

Es esa concepción básica no modificada en todo el curso de la guerrilla lo que va pautando los problemas organizativos, la carencia de discusión política, la persecución interna de las disidencias, y en general todo lo que aparece calificado de “aparatismo y militarismo”. Los aspectos técnicos que van jalonando el fracaso de la guerrilla en toda su historia, surgen desde esa raíz. Esta es la verdadera historia.


Es muy interesante que, al salir de Punta Carretas luego del "Abuso", ese núcleo de militantes iniciales se encontrase con una realidad bien distinta, con periferia y alcance de masas bastante mayor que han salido, a contrapelo, de la política electoral y el trabajo sindical acumulado, cosas despreciadas por la teoría. Pero junto con ese salto cualitativo hacia adelante ha habido al mismo tiempo un retroceso cualitativo completo en la organización y el grupo militante conductor, que se ha derrumbado.

Y así tenían que aguantar, a pesar de los golpes. Si se dejaban caer perdían todo.

Pero ocurre inevitablemente la caída, lo que viene luego es otra historia, otro bosque.La derrota del intento guerrillero tiene sus causas, y se arranca con un problema de concepción. El barco se hunció porque estaba mal dioseñado para las aguas en las que tenía que navegar, y poca importancia tiene qué golpe de timón intentó Juan o Pedro. Pero algunos, en un sentido u otro, se hundieron con el barco. Y otros, de una forma u otra optaron por abandonarlo.


Tomemos por ejemplo uno de los hechos puntuales del que hoy mucho se habla, la caída de la "Cárcel del Pueblo" (hecho bastante tardío en el proceso de decadencia del MLNT, y sin entrar en el problema conceptual que hay en todo eso). Según distintos testimonios, el jefe preso tal o el jefe preso cual dio una orden de entregarse a las personas a cargo de la cárcel. Pues bien, Marxito dice que el dirigente preso deja de ser dirigente y que los de afuera tienen que seguir por su cuenta. ¿Hay o no hay un tema de concepción?

No era una locura ni una aberración ni un sueño imposible, era imposible de ESA manera

La discusión sobre la estrategia armada no puede ser eclipsada por una competencia posterior de delación mutua para ver quién toma de chivo a quién, Es algo demasiado ruin. Nos interesa la discusión conceptual.
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Si las cosas son como lo plantea Marxito, el problema es si todas las otras formas de lucha deben SUBORDINARSE a la lucha armada, o si la lucha armada debe subordinarse al ritmo de desarrollo GENERAL de la lucha. Y ese último caso ¿qué sentido tiene seguir con los árboles? Sólo tiene un sentido: seguir evadiendo la discusión que realmente importa. 
 
La preocupación de Marxito no es la leyenda, ni los dirigentes, ni los grandes eventos. Señala los errores, pero no se enreda en pasar facturas y cargar culpas. Al ver el bosque, tampoco importa la leña del árbol caído.

Pienso que es porque tiene la conciencia tranquila.

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